domingo, 13 de noviembre de 2016

Capítulo 2, Minervo

Menos mal, pensé que nunca se callaría este hombre. ¡Ah! ¿Tú quién eres y por qué estás leyendo esto? Supongo que otra locura de Don Clariscón. Bueno ya que esta estancia es indefinida y solo podré hablar contigo querido diario, solo te pido que lo que leas no lo leas en alto pues hay cosas que pienso que no deberían salir de aquí.

Querido diario, hoy me he mudado a mi nueva casa, villa vistas, nombre que no soy capaz de entender puesto que hay poco que ver, aunque crea que hoy ya lo he visto todo. Don Clariscón, el amo de la casa me ha recibido con un aspecto peculiar para lo que estoy acostumbrado; llevaba una camiseta rosa que ponía: “I hate pink” siendo esto lo más normal que he podido encontrar en él. Los pantalones eran calzoncillos anchos de cuadros y los zapatos calcetines blancos muy altos con unas rayitas azules y rojas al final de este, aunque para ser estrictamente sinceros a los calcetines les faltaba la parte más importante del calcetín, la que cubre el pie. Clariscón me ha dicho que eso lo hace porque al fin y al cabo la parte que se ve del calcetín es la goma.

En cuanto a su cara era normal salvo que su barba era roja y su pelo moreno, tenía pocas arrugas y una lagrima color verde tatuada debajo del parpado derecho que se tapaba con maquillaje. Después de esta primera impresión, ha procedido a enseñarme la casa. En el Hall estaba su mayordomo de un metro y medio aproximadamente, estaba dándose golpes repetidamente contra la pared, según Clariscón para colgar un cuadro… después como bien habréis visto me ha enseñado su “salón” algo peculiar puesto que los asientos eran retretes y la televisión un cartón que hacía de teatro para marionetas.

Mi habitación afortunadamente está en la tercera planta o, mejor dicho, mi habitación es la tercera planta y no porque sea enorme no, sino porque, Clariscón, en su día, creyó oportuno construir un piso mas solo para poner un dormitorio.


Bueno me despido querido diario que Clariscón me reclama. Espero llegar vivo a la cena.


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