Erase una vez un chico apasionado por la escritura, le encantaba tanto escribir que nunca podía parar, escribia de esto y de aquello. No se cortaba un pelo y siempre se mojaba. Quizás por eso nadie le leía, porque los papeles mojados apenas se entendían y la mayoría acaban arrancados al intentar pasar de pagina.
El chico siempre se sentia lleno de inspiración pero falto de recompensa. Puede que sus pequeñas metas le ayudaban a continuar con lo que había empezado. Para el abandonar nunca fue una opción. Dentro de lo que cabe, empezo a contracorriente como todo, dejarse llevar solo era símbolo de pasimonia o abandono ética que no compartía.
Despues de tanto realizado para tan poco conseguido, comenzó a publicar entre amigos, no eran más que textos personalizados inspirados en problemas ajenos, era su granito de arena en esto que llaman ayuda. Así era él y lo repito, así era.
El chico siempre se sentia lleno de inspiración pero falto de recompensa. Puede que sus pequeñas metas le ayudaban a continuar con lo que había empezado. Para el abandonar nunca fue una opción. Dentro de lo que cabe, empezo a contracorriente como todo, dejarse llevar solo era símbolo de pasimonia o abandono ética que no compartía.
Despues de tanto realizado para tan poco conseguido, comenzó a publicar entre amigos, no eran más que textos personalizados inspirados en problemas ajenos, era su granito de arena en esto que llaman ayuda. Así era él y lo repito, así era.
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