- ¡Buenos días!
- No todos los días son tan buenos para todo el mundo. Tengo una amiga que
cuando las cosas no le iban del todo bien solía decir aquello de: “de subidas y bajadas va la vida" evidentemente
no siempre se puede estar muy feliz, sino que, en ocasiones estar triste también es sano, sabia reflexión
de otro pilar indispensable en mi vida.
Hubo días en los que disfrutaba de un paraíso tropical, emocionalmente
hablando, y en los que mi vida se centraba únicamente en disfrutar el momento,
tumbarme en la arena de la playa y descansar, simplemente eso, descansar o
propiamente dicho por los que me conocen, no hacer nada. Pero, un día la marea
subió, te moja inesperadamente y te despiertas sin saber nada. obviamente te
preguntas ¿Que ha pasado? si eres demasiado vago y no aceptas cambios en tu
vida, te quedaras ahí sin saber respuesta admitiendo la incertidumbre, pero si
eres de los míos te levantarás y pasarás de disfrutar de una playa tropical a
estar perdido en una selva.
Sin darte cuenta has hallado la primera solución, era de noche y la luna
estaba llena, por lo tanto, la marea había subido. Mi instinto de supervivencia
me fijó el primer objetivo, encontrar agua. Mi camino continuaba sin rumbo, sin
embargo, con una dirección y un destino: un rio que me llevase a la civilización
donde sin duda, tenía la certeza de que encontraría a alguien que me diese las
respuestas que necesitaba.
Pasaron casi 24 horas y el caminante seguía haciendo
camino al andar rumbo a ningún lugar. La frondosa vegetación le impedía ver más
allá de 5 metros a la redonda, pero algo le decía que sus pasos le llevarían a
buen puerto. La visión disminuía y no por la noche, sino por otro fenómeno
natural más. Al principio lo tomó como enemigo, pero con el tiempo supo transformarlo
en aliado, hablo de la niebla. Una buena guía que indicaba que la primera meta
estaba al caer. Él seguía triste puesto que, aunque supo aliarse con la
naturaleza, no era capaz de entender por qué esta se lo ponía tan difícil. Seguía
bajando.
Tras un largo recorrido entre densa niebla y espesa vegetación,
se mojó los pies. Lo único que le llamó la atención en ese momento y de gran
valor reseñable, fue que el único camino guiado a partir de ese mismo instante
era dejarse llevar por la corriente, como si por la orden de una fuerza mayor
se tratase. Continuó bajando.
Al fin, después de tanta bajada halló a la civilización.
Tanto bajar le había dejado hundido, pero amigo de subidas y bajadas va la vida,
y siempre para poder subir debemos de bajar primero hasta lo más profundo para
encontrarnos a nosotros mismos, es decir, para volver a la civilización y
volver a construir el hogar que nos rodeaba curados de la enfermedad de vivir
con la mejor medicina del momento, la tristeza.
Así lector, es como “termina” esta pequeña historia,
con el principio de la misma, pero con otro personaje; ahora serás tú el
protagonista:
- Buenos días.