martes, 28 de febrero de 2017

Final abierto

-   ¡Buenos días!
-   No todos los días son tan buenos para todo el mundo. Tengo una amiga que cuando las cosas no le iban del todo bien solía decir aquello de: “de subidas y bajadas va la vida" evidentemente no siempre se puede estar muy feliz, sino que, en ocasiones estar triste también es sano, sabia reflexión de otro pilar indispensable en mi vida. 
Hubo días en los que disfrutaba de un paraíso tropical, emocionalmente hablando, y en los que mi vida se centraba únicamente en disfrutar el momento, tumbarme en la arena de la playa y descansar, simplemente eso, descansar o propiamente dicho por los que me conocen, no hacer nada. Pero, un día la marea subió, te moja inesperadamente y te despiertas sin saber nada. obviamente te preguntas ¿Que ha pasado? si eres demasiado vago y no aceptas cambios en tu vida, te quedaras ahí sin saber respuesta admitiendo la incertidumbre, pero si eres de los míos te levantarás y pasarás de disfrutar de una playa tropical a estar perdido en una selva.
Sin darte cuenta has hallado la primera solución, era de noche y la luna estaba llena, por lo tanto, la marea había subido. Mi instinto de supervivencia me fijó el primer objetivo, encontrar agua. Mi camino continuaba sin rumbo, sin embargo, con una dirección y un destino: un rio que me llevase a la civilización donde sin duda, tenía la certeza de que encontraría a alguien que me diese las respuestas que necesitaba. 

Pasaron casi 24 horas y el caminante seguía haciendo camino al andar rumbo a ningún lugar. La frondosa vegetación le impedía ver más allá de 5 metros a la redonda, pero algo le decía que sus pasos le llevarían a buen puerto. La visión disminuía y no por la noche, sino por otro fenómeno natural más. Al principio lo tomó como enemigo, pero con el tiempo supo transformarlo en aliado, hablo de la niebla. Una buena guía que indicaba que la primera meta estaba al caer. Él seguía triste puesto que, aunque supo aliarse con la naturaleza, no era capaz de entender por qué esta se lo ponía tan difícil. Seguía bajando.

Tras un largo recorrido entre densa niebla y espesa vegetación, se mojó los pies. Lo único que le llamó la atención en ese momento y de gran valor reseñable, fue que el único camino guiado a partir de ese mismo instante era dejarse llevar por la corriente, como si por la orden de una fuerza mayor se tratase. Continuó bajando.

Al fin, después de tanta bajada halló a la civilización. Tanto bajar le había dejado hundido, pero amigo de subidas y bajadas va la vida, y siempre para poder subir debemos de bajar primero hasta lo más profundo para encontrarnos a nosotros mismos, es decir, para volver a la civilización y volver a construir el hogar que nos rodeaba curados de la enfermedad de vivir con la mejor medicina del momento, la tristeza.

Así lector, es como “termina” esta pequeña historia, con el principio de la misma, pero con otro personaje; ahora serás tú el protagonista:

-   Buenos días.