Bien es verdad
que cada día que pasa es más difícil cambiar el estilo de vida de las personas,
y más aún si este es el “patrón” que marca la sociedad para determinados grupos,
lo cual conlleva una reflexión de quienes son los verdaderos culpables de la
situación de salud que se presenta en los próximos años en nuestro país.
La relación
que existe entre los años que pasan y la edad de inicio de los jóvenes en el
consumo de drogas, entre ellas el alcohol, es inversamente proporcional, es
decir, los jóvenes cada vez empiezan antes. Este es un problema actual para la
salud pública sobre el que se está haciendo muy poco o nada. Es cierto y ya se
ha mencionado que cambiar los estilos de vida no es fácil y más aún cuando se
da con una población cada vez mayor, sin embargo, estamos en el momento de
prevenirlo.
Hoy en día, la
salud pública para los jóvenes parece ser, que únicamente se centra en charlas
en los colegios/institutos y estas, no son más que charlas meramente
informativas que no parecen del todo eficaces ya que estas se administran
directamente a la población diana, la cual decidirá si cambiar o no, sin
embargo, la diversidad de los grupos que existe en la sociedad hace que este
modelo de educación sanitaria sea inefectivo al 99%, ya que si dichas charlas
son impartidas a una minoría de un grupo de amigos, por ejemplo, la finalidad
de esta charla nunca se podrá cumplir, debido a un factor muy presente y a la vez olvidado: la presión de grupo.
Este es uno de
los determinantes más influyentes en la adolescencia y sobre el cual se trabaja
poco o de mala manera ya que, si los profesionales sanitarios nos quedamos ahí,
cualquier educación que se dé en relación con los estilos de vida será una inversión
perdida. Esta, es una de las causas por la que el papel de la enfermería no se
puede quedar solo ahí, sino que debe llegar más lejos y aplicar nuevas
estrategias más centradas y focalizadas a la comunidad, atendiendo todos los
niveles de está. Ya hemos estudiado, que para combatir el problema de las
drogas no es suficiente con atender el nivel persona, sino que tendremos que
llegar algo más lejos: educar a los padres, madres o tutores, es decir, atender
el nivel familiar. Una correcta intervención en las familias desde edades
tempranas, darían como resultado un cambio en el rol social del adolescente que,
por así decirlo, hoy en día se concibe como: “joven, fiestero que tiene que beber y fumar para pasárselo bien y para
ser aceptado” y si esto no se cumple, el mismo sufrirá un rechazo social. Esta
idea no es trasmitida como tal, pero si es la que estos perciben y hace que
lleven dicha idea a la práctica, ignorando las consecuencias que repercutirán en
su salud. Por lo tanto, si desde que los niños son niños se les da otro punto
de vista sobre las características de “hacerse mayor” se tendrá más en cuenta
por parte de ellos a la hora de seleccionar que conductas realizar.
Es necesaria
una actuación inminente frente a estos tipos de problemas de los que estamos
muy bien informados pero muy poco prevenidos, ya que si la actuación se retrasa
en un país desarrollado como es el nuestro, las consecuencias futuras
desencadenaran en una sociedad enfermiza, donde ser alcohólico o tener cáncer de
pulmón será visto como normal en la población. Evidentemente, no todo el que se
beba una copa o se fume un cigarrillo tendrá estas consecuencias, pero también es
evidente que estas son drogas y como tal, cumplen la condición de ser adictivos.
Este es uno de los principales factores de riesgo en la población actual ya que
si esto continua así, el día de mañana no se podrá educar a un padre alcohólico,
por ejemplo, en que el alcohol es malo.
En definitiva,
es evidente que la edad de inicio en el consumo de drogas, entre ellas el
alcohol y el tabaco, cada vez disminuye más debido a la concepción de que para
ser mayor hay que realizar actividades de este tipo, entre otras. Sin embargo,
todo esto viene condicionado desde que el niño es niño, pregunta y aprende. Por
tanto, para poder abordar dicho problema de una manera eficaz habrá que actuar
a nivel comunitario sobre la educación de sus padres, porque si no el aumento
de enfermedades derivadas de dichas conductas aumentará constante y
progresivamente. Si no somos capaces de actuar a tiempo hoy, mañana tendremos
que asumir las consecuencias de un sistema de salud insostenible por una población
poco prevenida.