El zumo se exprimió y jugo se sacó, sin embargo, este naranjo vuelve a florecer con nuevas cortezas de las que desprenderse y frutos que dar. Por muy dulces que sean a veces, la mayoría amargan. Un frutal regado con juegos de perros donde el viejo nunca muere porque lo que no le mataba le hacia mas fuerte aunque la ultima vez le debilitase. Por suerte ya no es temporada.
Cada noche que pasaba el tiempo era lo único que avanzaba. Su estado iba madurando poco a poco olvidándose de aquello que no le hacia falta, aunque no pueda. Tras un largo periodo de sequía este encontró un manantial del que se pudo nutrir y sobrevivir. Tiempo después se secó y el naranjo no supo como olvidar algo tan rico y preciado para él. En ocasiones se decía a si mismo que se había equivocado y que debería elegir mejor la próxima vez. Sin embargo, otras muchas se pedía disculpas por decir tal estupidez:
Perdón, me orienté mal y me deje llevar por el momento. Sé que estuve poco atento y que quizás mas que intuición me guié por sentimientos. En ocasiones sentí verdades y en otras sentí mientos ahora no me culpo de ello por un pozo que a veces pienso que me hundió, y sin embargo, me dio la medicina del momento. Perdón si lo siento, son sentimientos.
Con el tiempo, el frutal se dio cuenta de que ese pequeño manantial no fue un error sino una dosis de nutrientes necesaria en ese instante, que por perdidas que estuviesen sus raíces siempre habría algo que las guiaría hasta un prosperidad mas estable en la que pudiese disfrutar de su muerte.